Cuando oigo hablar de la Agenda 2030 en foros de sostenibilidad hotelera, hay algo que siempre me chirría. No por el fondo, que comparto. ¿Quién no desea un mundo más justo, más sostenible y más colaborativo? Lo que me preocupa es la forma, la falta de ajuste entre lo que se propone y lo que realmente podemos hacer desde un hotel que, como tantos, se deja la piel por sobrevivir en mercados hipersaturados, regulaciones cambiantes y márgenes cada vez más estrechos.
La Agenda 2030 no es ajena a la industria hotelera. De hecho, nos menciona de forma directa en varios de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), desde el consumo responsable hasta el trabajo digno, pasando por la igualdad de género, la acción climática o la innovación. Hasta ahí, bien. Pero cuando aterrizamos todo eso en la operativa diaria, la pregunta es inevitable: ¿cómo lo hacemos sin convertirnos en víctimas de nuestra buena voluntad?
A menudo tengo la sensación de que los ODS son un compendio de buenas intenciones formuladas en despachos alejados de la realidad operativa de un hotel independiente, con 40 habitaciones, una plantilla reducida y una lista de prioridades encabezada por: pagar nóminas, mantener la ocupación y no perecer en el intento. Porque sí, hablar de sostenibilidad es importante. Pero en esta industria, la sostenibilidad empieza por poder seguir abriendo la puerta cada mañana.
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He trabajado con equipos comprometidos, con propietarios dispuestos a cambiar modelos, con proveedores locales que creen en el kilómetro cero, con gestores que se toman en serio el ahorro energético. Y, aun así, nos topamos con obstáculos que la Agenda 2030 no contempla del todo: normativas que se contradicen, inversión imposible de amortizar a corto plazo, escasa ayuda pública real, y una sobredosis de reporting que muchas veces se queda en eso: en un papel.
Los límites reales de la Agenda 2030 en la hotelería
Permíteme enumerar algunas fricciones frecuentes entre los ODS y nuestra realidad como hoteleros:
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ODS 13 – Acción por el clima: Nos exigen eficiencia energética, reducción de emisiones, inversión en renovables. ¿Y las ayudas directas? ¿Dónde están los incentivos fiscales tangibles, no solo las campañas de sensibilización?
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ODS 8 – Trabajo decente y crecimiento económico: Nos piden estabilidad laboral, sueldos dignos, bienestar del personal. Lo compartimos, pero… ¿cómo conciliamos esto con la estacionalidad, el personal rotativo y una estructura de costes tan ajustada?
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ODS 12 – Producción y consumo responsables: Apostamos por proveedores locales, reducimos residuos, eliminamos plásticos. ¿Pero por qué el producto sostenible es, sistemáticamente, más caro y menos accesible?
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ODS 11 – Ciudades sostenibles: Promovemos una interacción respetuosa con el entorno. ¿Y qué hacemos con la saturación turística de ciertos destinos y la demonización de nuestra actividad?
Tres alertas que deberíamos tener en cuenta
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Cuidado con convertir los ODS en una carga más. Lo que debería ser una brújula se convierte a veces en una mochila. En lugar de motivar, abruma. En lugar de transformar, burocratiza. ¿Queremos sostenibilidad o queremos checklist de sostenibilidad?
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No todos los hoteles son iguales. Lo que puede implantar una gran cadena en Asia o en los Alpes suizos, no lo puede ejecutar el pequeño hotel de costa con cinco empleados y sin acceso a financiación externa. La sostenibilidad necesita ser contextualizada, no impuesta.
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Falta diálogo real con el sector. Muchos de los planes de acción global nacen sin tener en cuenta la voz de quienes estamos en el terreno. Y eso genera distancia, desconfianza e incluso rechazo.
Y ahora, ¿qué? Tres ideas para avanzar sin renunciar al sentido común
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Prioriza. No hace falta abrazar los 17 ODS a la vez. Elige tres objetivos que puedas trabajar de forma honesta y medible en tu hotel. Lo importante no es cuántos cumplimos, sino cómo los integramos en la cultura del equipo.
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Traduce los objetivos globales a acciones locales. Si el ODS 8 habla de trabajo digno, tal vez en tu caso signifique revisar los turnos para evitar jornadas maratonianas. Si el ODS 12 habla de consumo responsable, quizás puedas empezar por cambiar el proveedor de amenities. Lo importante es que la sostenibilidad se viva, no se recite.
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Mide lo que importa. No te obsesiones con rellenar formularios para auditorías eternas. Crea indicadores que te sirvan realmente: litros de agua ahorrados, kilos de comida no desperdiciada, rotación del personal, compras locales. Lo demás, si llega, será un plus.
No estamos en contra de la Agenda 2030. Pero necesitamos que baje al barro. Que reconozca nuestras limitaciones. Que escuche nuestras realidades. Y que deje de premiar solo al que mejor redacta informes. Porque si seguimos así, corremos el riesgo de convertir una oportunidad global en una carrera de obstáculos para los hoteles que realmente quieren hacer las cosas bien.

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 