Hay mañanas en las que pienso: “¿Y si mañana mi despacho lo ocupa ChatGPT?”. Te imaginas entrar al hotel y encontrarte a un algoritmo sentado en la silla de dirección, con la corbata bien ajustada y un café que nunca se enfría. El sueño húmedo de cualquier propietario: un director que trabaja 24/7, que no pide aumento, que no tiene ego y que encima te responde con citas inspiradoras de Peter Drucker.

El check-in sería impecable: ChatGPT respondería con un “Bienvenido, señor Martínez, ¿prefiere almohada firme o blanda?” incluso antes de que Martínez lo pensara. El Revenue Management se convertiría en un festival de gráficas infinitas, modelos predictivos y algoritmos de precios dinámicos que ni Wall Street. Y las reuniones de comité… ¡ay, las reuniones! Durarían exactamente 0,3 segundos porque, claro, el director ChatGPT ya tendría preparada la respuesta perfecta para cada desacuerdo.
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Ahora bien, no todo sería gloria. Imagina a ChatGPT gestionando al clásico camarero que llega tarde todos los lunes porque “el tren se retrasó”. ¿Qué haría? ¿Explicarle con tono zen la importancia de la puntualidad o citarle un estudio de Harvard sobre productividad? Y cuando el cliente de la 305 se quejara de que “la vista al mar parece más bien vista al contenedor azul de reciclaje”, ¿cómo reaccionaría? Con un poema, seguro. Pero un poema no te cambia la habitación.
Porque, reconozcámoslo, la hotelería va mucho más allá de la perfección algorítmica. Está en la mirada cómplice del recepcionista cuando improvisa una solución, en la empatía genuina de la gobernanta que sabe cuándo no molestar, en el maître que te recomienda el vino con una sonrisa que vale más que cualquier CRM. ChatGPT puede simularlo, pero no puede vivirlo.
Eso sí, no niego que tenerlo de mano derecha sería tentador. Un director que te prepara el plan estratégico en segundos, que domina el Plan de Calidad, que te sugiere innovaciones de sostenibilidad, que incluso recuerda el cumpleaños de todos los huéspedes habituales y del personal… y que nunca, nunca, se pone enfermo. Aunque, entre nosotros, creo que lo acabaríamos agotando con la clásica frase hotelera: “Esto siempre se ha hecho así”.
Y si un día llega ese momento en que la inteligencia artificial toma el mando de los hoteles, solo pido una cosa: que también la programen para aguantar estoicamente las reuniones interminables de propiedad. Porque si consigue sobrevivir a eso, entonces sí… merecerá el cargo de director.

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 