Es oficialmente tu turno. Al final lograste aquello para lo que has estado trabajando durante toda tu carrera, el premio gordo, ya tienes el cargo de Director General en uno de los grandes hoteles. Entonces, ¿qué es lo que viene ahora?
No importa en qué posiciones hayas estado anteriormente para llegar a este objetivo, ahora tienes un puesto de alta responsabilidad y tienes que merecerlo y demostrarlo dia a dia. La total responsabilidad de la cuenta de pérdidas y ganancias y el éxito de toda la operación del hotel está en tus manos.
Esta es tu oportunidad de liderar el equipo para lograr los requisitos que la propiedad te ha confiado. Ya sea un hotel independiente, o perteneciente a un grupo empresarial, o adscrito a una marca o una cadena, ten en cuenta que siempre alguien va a querer respuestas.
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¿Qué esperan ellos? ¿Se trata de beneficios, resultados indirectos, servicios de cinco estrellas o un entorno feliz que sirva de patio de recreo de la propiedad y sus amigos? ¿Qué criterios de desempeño son los más importantes para la empresa? Hazte estas preguntas y estarás en el buen camino para desarrollar sus objetivos, el esquema de su éxito futuro.

A partir de ese punto, el día ha comenzado y, créeme, tu reloj interno ya corre a otra velocidad. Los primeros minutos en el despacho son reveladores: ese espacio que ahora es tu centro de operaciones y que, con el tiempo, acabará respirando tu estilo y carácter. Pero hoy, todo te resulta ajeno, aunque no puedes permitir que se note. Tus decisiones empiezan a modelar el futuro del hotel desde el instante en que giras la llave de esa puerta.
Lo primero que hago siempre es escuchar. A todo el mundo. Desde la gobernanta que te actualiza sobre las habitaciones fuera de servicio, hasta el jefe de mantenimiento que murmura sobre una posible avería en la caldera. No olvides al personal de recepción, cuyas caras te dirán más sobre la noche pasada que cualquier informe. Este primer contacto es vital porque no solo recopilas información, sino que empiezas a construir confianza. Tu equipo necesita sentir que estás presente, que te importa lo que dicen, pero también que eres capaz de actuar rápido.
Acto seguido, reviso las cifras clave. No porque dude del revenue manager o del equipo de contabilidad, sino porque en la dirección hotelera, las cifras son el pulso vital. ¿Ocupación real frente a previsión? ¿ADR y RevPAR? ¿Algún grupo grande cancelado a última hora? Aquí no basta con mirar los números; hay que entender las causas y consecuencias. ¿Una caída en las reservas online? Puede ser un ajuste de tarifas de la competencia. ¿Un grupo retrasado? Quizás haya que ajustar la limpieza para evitar problemas con los check-ins. Y mientras todo esto sucede, tu teléfono ya vibra con el primer mensaje del propietario o del director regional.
Aquí es cuando te das cuenta de que la visión estratégica y la gestión diaria se entrelazan en cada minuto de tu jornada. Y si bien el papel del director general exige perspectiva global, hoy, en tu primer día, lo que marcará la diferencia es tu capacidad de resolver pequeños incendios sin perder de vista el rumbo general. Un equilibrio difícil, pero necesario. Porque al final del día, más allá de los informes y los presupuestos, eres el líder que debe inspirar confianza en el equipo y dar seguridad a la propiedad. Y esa es una tarea que comienza, sin excepción, desde el primer día.
Algunas claves que siempre tengo presentes y que te serán útiles:
- Céntrate en las personas: Los números son esenciales, pero el equipo es quien los hace posibles. Gánate su respeto con hechos, no con discursos.
- Visibilidad constante: No te encierres en el despacho. Aparece en el desayuno, recorre las habitaciones, habla con los huéspedes. La percepción que tengan de ti hoy será difícil de cambiar.
- Toma decisiones rápidas, pero informadas: No caigas en la parálisis por análisis. A veces, decidir bien y a tiempo es mejor que buscar la perfección.
- Transmite calma, pero actúa con energía: Tu primer día será un caos. Acéptalo. Lo que el equipo observará es cómo gestionas ese caos.
- Construye alianzas desde el inicio: Identifica a esos colaboradores clave –esa subgobernanta que sabe todos los secretos del hotel o el jefe de cocina que lleva allí 15 años– y conviértelos en tus aliados.
Recuerda: tu primer día como director no se mide por los éxitos, sino por las relaciones que comienzas a forjar y por la confianza que siembras en los demás. Esa será tu verdadera hoja de resultados.
Establece tus metas, documéntalas y empieza a medir sus resultados.
Las metas obvias son la satisfacción de los huéspedes y los empleados, las buenas comunicaciones y los resultados financieros positivos. Recuerda, ahora eres el director general y dispones de un elenco de gerentes que tienen su propio talento y conocimientos específicos. Utiliza estas habilidades comunicando sus metas y pídele a tu equipo que describa sus metas para respaldar lo que has establecido.
Suena simple ¿verdad? Aquí es donde comienza tu día. Ahora estás liderando a aquellos que tal vez fueron tus compañeros ayer. Deberás vivir con rencores y envidias. ¿Cómo establecerás el tono para tu equipo y crearás un ambiente que apoyará sus expectativas?
Una declaración de misión es un buen punto de partida.
¿Cuáles fueron las expectativas que se te dieron? ¿Cómo quieres que funcione el equipo? En un hotel que yo lideraba, desarrollamos la siguiente declaración de misión: Ser el mejor destino turístico familiar, ejemplificando una elegancia cómoda y un servicio de calidez y sinceridad inigualables. ¿Puedes declarar algo así y desarrollar lo que haga falta para llevarlo a cabo?
La verdadera prueba de tu liderazgo llega con las primeras decisiones que tomas sobre las prioridades operativas. Tu equipo te está observando. ¿Qué será lo primero que abordarás? ¿La limpieza impecable de las habitaciones? ¿La calidad de la atención en recepción? ¿O quizás esa oferta gastronómica que podría mejorar? Escoger esas primeras batallas con sabiduría enviará un mensaje claro sobre lo que valoras y lo que esperas de todos.
Luego están las reuniones iniciales con los jefes de departamento. Es fácil caer en el error de transformar estos encuentros en monólogos sobre tus expectativas. Mi recomendación: escucha primero. Pídeles que te cuenten cómo ven ellos el estado del hotel, cuáles son sus retos, qué ideas tienen. Y lo más importante, pregunta: “Si pudieras cambiar una sola cosa mañana, ¿qué sería?”. Esa pregunta revela más de lo que crees. Además, genera confianza porque demuestras que valoras su criterio.
Por último, no subestimes el poder de las decisiones rápidas y visibles. No digo que te precipites, pero algunas cosas exigen acción inmediata. Si ves que el uniforme del personal está deteriorado, decide renovarlo. Si notas que hay quejas constantes sobre las almohadas, inicia un cambio. Son decisiones que envían un mensaje potente: te importa el detalle y te importa la experiencia de todos, tanto huéspedes como empleados.
Algunas pautas que me han ayudado en esos primeros días y que podrían ser útiles:
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Prioriza lo visible: Las primeras acciones deben reflejar tus valores. ¿Quieres un hotel impecable? Haz que te vean revisando habitaciones. ¿Te importa el servicio cálido? Saluda tú mismo a los huéspedes.
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Gana aliados rápidamente: Detecta a esas personas clave, formales o informales, que influyen en el equipo. Invítales a un café, entiende sus motivaciones y asegúrate de que te vean como alguien que suma.
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Encuentra victorias rápidas: Cambiar pequeños detalles con impacto inmediato en la experiencia del cliente genera inercia positiva. No subestimes el poder de colocar flores frescas en recepción o mejorar el café del desayuno.
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Comunica tus decisiones: No basta con actuar, el equipo debe entender el porqué. “He cambiado esto porque creo que mejorará vuestra comodidad y la de los huéspedes.” Que vean que cada decisión tiene sentido.
El 70% del compromiso de un empleado depende directamente de su jefe inmediato. Eso significa que tu liderazgo será, desde el primer día, el mayor factor que determinará el ambiente laboral y, por ende, el rendimiento del hotel.
Tu primer día como director de hotel no es solo el comienzo de una gestión; es la siembra de una cultura. Cada decisión, cada palabra y cada gesto construyen la percepción que el equipo tendrá de ti y de lo que juntos podrán lograr. Así que camina con confianza, pero con humildad. Observa, escucha y actúa con intención. Porque esa será la base sobre la que se edificará tu éxito… o tu fracaso. Y créeme, en este sector, los pasillos hablan más rápido que los correos electrónicos.
Ahora tienes que dirigir. ¿Cómo vas a apoyar la declaración de la misión?
Tienes que lograr que el equipo se involucre. Te sorprenderá lo fácil que es esto. He desarrollado un conjunto de valores fundamentales para mostrar cómo queremos operar y cómo se ve nuestra hoja de ruta:
- Anticipa y supera las expectativas de los huéspedes con sinceridad genuina.
- Manten un personal profesional con los más altos estándares a través de la capacitación y el desarrollo continuo.
- Trata a cada huésped y empleado como un miembro de la familia, con respeto, honestidad, aprecio y preocupación.
- Protege y promueve el bienestar financiero de la propiedad y de tu equipo.
- Realiza todas las tareas de manera segura, legal y ética.
- Lucha continuamente por la mejora del producto.
- Respeta y cuida de la propiedad y su imagen estética.
- Mantén una Comunicación positivamente sobre el hotel, dentro y fuera de la propiedad.
Ahora que has compartido estos valores con el equipo, tienes que traducirlos en acción diaria. Ahí es donde comienza el verdadero desafío. Porque dirigir no es solo inspirar, sino conseguir que cada uno entienda cómo su trabajo individual contribuye al propósito común. Y eso, créeme, no se logra con discursos, sino con una combinación de constancia, ejemplo y conversación diaria.
Empieza por alinear cada departamento con la misión y estos valores fundamentales. Cada jefe de área debe ser tu extensión en el terreno. Su rol va mucho más allá de repartir tareas: tienen que ser embajadores de la misión, capaces de explicar a cualquier colaborador cómo su labor, por pequeña que parezca, es clave para la satisfacción del huésped.
Por ejemplo:
- El camarero que sirve el desayuno no solo llena tazas de café; inicia la jornada del huésped con una sonrisa que marcará su percepción del día.
- La gobernanta que supervisa las habitaciones no revisa solo si están limpias; valida que el espacio invite al descanso y la tranquilidad, cumpliendo la promesa de calidad del hotel.
- El recepcionista que gestiona una queja no solo busca resolver un problema; convierte una posible reseña negativa en una historia de recuperación que fideliza a un cliente.
Para que este enfoque funcione, hay tres claves que me han dado resultado:
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Reuniones operativas con sentido: Las “reuniones de alineación” diarias no son para dar partes de guerra, sino para conectar cada tarea del día con el impacto que tendrá en el huésped. Dedica cinco minutos a contar historias reales de momentos en los que el equipo superó expectativas. Eso crea orgullo y pertenencia.
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Seguimiento visible y reconocimiento: Evalúa el desempeño no solo con KPI fríos como ocupación o ADR. Introduce indicadores cualitativos vinculados a los valores: ¿Cuántos huéspedes mencionaron por su nombre a un miembro del equipo en las encuestas? ¿Cuántas veces logramos “sorprender gratamente” esta semana? Y cada logro, por pequeño que sea, reconócelo públicamente.
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Ejemplo personal: La cultura se transmite más por lo que haces que por lo que dices. Si exiges atención al detalle, que te vean levantando un papel en el suelo. Si pides empatía con el huésped, que te vean tú mismo atendiendo una queja con paciencia y respeto.
Prepara el escenario. Ahora enfócate en la experiencia
¿Cómo te vas a relacionar con el personal y cómo esperas que el personal trate a los huéspedes? Cada vez que vienes al hotel, estás subiendo al escenario. Describe el desempeño que esperas de cada uno. Con ello, sin apenas darte cuenta habrás diseñado un conjunto de expectativas de servicio:
- Cualquier persona que reciba una solicitud por parte de un cliente, la posee. Haz que se Satisfagan todas las necesidades especiales de manera positiva y oportuna, y haz que se haga un seguimiento con el huésped.
- Cualquiera que reciba un problema de un cliente lo posee. Haz que el equipo muestra preocupación verdadera, que se disculpen amablemente, resuelvan el problema y hagan un seguimiento con el cliente.
- Que se reconozca a cada huésped que se encuentre a menos de 3 metros con contacto visual, buena postura y una sonrisa. Que se ofrezca un saludo positivo y amigable dentro de 2 metros.
- Asegúrate de que los clientes sean acompañados a su destino. No basta con darles indicaciones.
- Que se reconozca las necesidades de los huéspedes abriendo puertas, ofreciendo el derecho de paso y dejando de lado las conversaciones personales cuando se acerca un cliente.
- Que se dirijan al cliente por su nombre y se utilice en cada oportunidad, ya sea en persona o por teléfono.
- Responder a las llamadas de teléfono dentro de tres timbres de forma adecuada. Se pida permiso antes de poner a la persona que llama en espera y anuncie las llamadas que son transferidas.
- Asegúrate de que los uniformes y la apariencia personal sean inmaculados.
- Asume tu y todo tu equipo la responsabilidad del orden y la limpieza de la instalación. Recoge la basura si es necesario, reposiciona muebles y mira de prevenir daños.
- Haz que se use siempre el lenguaje profesional apropiado. Evitando el uso de la jerga y la jerga hotelera delante de los clientes.
Recuerda, el equipo necesita dirección, y lo necesitan a diario. Establece el tono, y crea la atmósfera deseada siguiendo tu ejemplo. No subestimes el valor de cada miembro del equipo te están observando continuamente, asi que trata a los demás como quieres ser tratado y como quieres que traten a los clientes.
Ahora que corra la voz
Es como una campaña. Difundir tu mensaje en cada comunicación: reuniones generales para todos los miembros del personal, reuniones del personal con sus gerentes, reuniones departamentales para entornos más íntimos y reuniones diarias de alineación. Haz saber cuáles son las expectativas y haz que todos sean responsables por igual a la hora de cumplirlas.
Gestiona tu tiempo y tu talento
En un día típico como director general, tendrás contratos para firmar, nuevos gerentes para guiar, proveedores con los que negociar, previsiones para cumplir, problemas con los clientes y controles para monitorear. Las interrupciones son comunes. Tienes que leer los informes que has pedido, y responder a ellos. A medida que despachas con las personas, tu teléfono suena, y el correo electrónico no deja de bombardearte con cosas que probablemente ni te van ni te vienen. Al final del dia ¿Mantienes la cabeza en su sitio? ¿Sientes como que estas desbordado?
Para la dirección de un hotel se trata de usar tu cerebro, no tu fuerza muscular. Como puedes ver, tu día puede consumirte. No lo dejes, no abandones. Eso si, rodéate del mejor talento posible y establece un alto nivel de expectativa.
Puedes pasar el día involucrándote con cada detalle que aparezca, o puedes encontrar y cultivar el talento que puede ayudarte a liberar tu tiempo. Siéntete orgulloso de ayudar a otros a aprender a manejar situaciones para que tengas tiempo de enfocar la dirección que has establecido.
Cultiva tus conocimientos
Lee revistas especializadas y periódicos. Manténte al día con las cuestiones de la comunidad. Conoce las últimas tendencias en gestión e innovación. Busca las últimas tendencias en alimentos y bebidas.
Conoce la competencia. Anticipate a las tendencias, y actúa sin miedo sobre la marcha en base a todo aquello que vayas conociendo. Muestra tu pasión, eso es lo que definirá tu estilo de liderazgo.
Utiliza a tu equipo de marketing para investigar oportunidades de publicidad, y cualquier opción a tu alcance que te permita llegar a los resultados. Escucha a los expertos.
Ponte a disposición del equipo de ventas. No al revés. Es sumamente importante que entiendas que de su trabajo, en gran parte dependen tus propios resultados y el éxito de tu gestión. Motiva, alienta y ofrece tu apoyo, no fiscalices. Tu éxito depende del suyo.
Intenta estar siempre disponible, activo e involucrado.El equipo debe estar energizado para vender. Necesitan creer en tu dirección y visión tanto como tú.
Recuerda que representas a tu hotel y actúa siempre en concordancia.
Haz y deja hacer.
El éxito final será tu propio éxito, así que no te distraigas demasiado ni pienses que por haber llegado ahí ya lo conseguiste todo en la vida. Al final los resultados que consigas, hablaran por ti, y serán quienes juzguen tu gestión, aparte de tu propio equipo, que ha visto a otros pasar por tu mismo puesto antes que a ti.
Mantente enfocado y diviértete. ¡Te lo has ganado!

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 