Lead Hospitality
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La Hotelería presume de servicio mientras abarata a quien lo presta

LA IDEA

La Hotelería atribuye la satisfacción del huésped al equipo, pero sigue retribuyendo muchos puestos esenciales como mano de obra fácilmente sustituible. Analizo esta contradicción, su impacto económico y un modelo práctico para reconocer la influencia real de cada función sobre la experiencia, la reputación y la rentabilidad.

EN ESTE ANÁLISIS
  • El hotel vende valor humano y lo contabiliza como trabajo barato
  • Pagar con criterio exige medir lo que hoy preferimos no ver
  • Un hotel presenta su estrategia anual y declara que la experiencia del huésped constituye su principal ventaja competitiva
  • Habla de personalización, excelencia, reputación, fidelización y conexión emocional

Hay una escena que me indigna cada vez más. Un hotel presenta su estrategia anual y declara que la experiencia del huésped constituye su principal ventaja competitiva. Habla de personalización, excelencia, reputación, fidelización y conexión emocional. Pocos minutos después, al revisar el presupuesto, las personas que limpian las habitaciones, sirven el desayuno, reciben al cliente, responden sus preguntas y resuelven sus incidencias aparecen resumidas en una única línea llamada coste de personal. Entonces comienza la búsqueda de décimas, horas y turnos que puedan recortarse. La experiencia se describe como un activo cuando queremos venderla, pero se trata como un gasto cuando llega el momento de pagar a quienes la hacen posible.

Me cuesta aceptar que sigamos considerando normal esta contradicción. Elevamos las tarifas, sofisticamos el marketing hotelero, invertimos en reformas, contratamos campañas y celebramos cada mejora del ingreso medio, mientras una parte del equipo continúa trabajando con salarios que apenas reconocen la responsabilidad que soporta. Después nos extrañamos de la rotación, de la dificultad para contratar, de la pérdida de oficio y de que algunos profesionales dejen de implicarse más allá de lo estrictamente exigible. No es una crisis de vocación. Es la respuesta bastante racional de personas a las que pedimos un compromiso extraordinario dentro de una relación económica demasiado ordinaria.

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