En el umbral de una nueva era para la industria hotelera, nos encontramos en una encrucijada entre la innovación y la sostenibilidad. La urgencia del cambio climático resuena en nuestro sector, impulsándonos a replantear las prácticas sostenibles, no como una opción, sino como una necesidad imperante. Esto nos lleva a cuestionarnos sobre cómo armonizar las demandas de un mercado globalizado con la responsabilidad ecológica, especialmente en eventos de gran envergadura como FITUR.
A lo largo de los años, FITUR se ha consolidado como un evento clave para el networking y el intercambio de ideas en el turismo y la hotelería. Sin embargo, la huella de carbono que generan estos eventos es innegable, lo que plantea una paradoja cuando se promueve la sostenibilidad en un contexto que parece desafiarla. En este escenario, nos enfrentamos al reto de equilibrar la necesidad de conectarnos y crecer profesionalmente con la imperiosa tarea de reducir nuestro impacto ambiental.
Desde mi experiencia personal, he optado por no asistir a FITUR desde hace años. He llegado a la conclusión de que no hay nada en FITUR que no pueda ser abordado a lo largo del año mediante otros medios, tanto presenciales como digitales. La proliferación de la tecnología digital ha abierto nuevas avenidas para el aprendizaje y la colaboración, que son más accesibles y a menudo más ricas en contenido específico y relevante. Además, la atmósfera que a menudo se percibe en FITUR, marcada por la falsedad, hipocresía y vanidad, contrasta con mi enfoque hacia lo que debe ser un evento profesional. Las conferencias y discursos frecuentemente no aportan nada nuevo, lo que me lleva a cuestionar el valor real de dedicar días enteros a este tipo de eventos.
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El impacto ambiental de eventos como FITUR es significativo, abarcando desde el transporte aéreo de los asistentes hasta el consumo energético. Esto nos lleva a preguntarnos si podemos justificar este impacto en la era de la conciencia ambiental. A pesar de los avances digitales, los eventos presenciales ofrecen un valor único que no se puede replicar completamente en el ámbito digital. Sin embargo, es crucial buscar un equilibrio que permita maximizar estos beneficios mientras se minimiza el impacto ambiental.
En la gestión hotelera, el tiempo es un recurso precioso. Por ello, he decidido priorizar tareas que generan un impacto directo y tangible en nuestros hoteles. Mi decisión de no asistir a FITUR también se basa en buscar autenticidad y relevancia. He observado una tendencia en estos eventos hacia la promoción de una imagen más que hacia la sustancia real. Además, el ambiente festivo que acompaña a FITUR no alinea con mi enfoque profesional y pragmático hacia la hotelería.
En nuestra búsqueda de innovación y excelencia, no debemos perder de vista nuestra responsabilidad con el planeta. Cada decisión que tomamos hoy define el futuro de nuestra industria y del mundo en el que vivimos. Como profesionales del sector hotelero, buscamos oportunidades de crecimiento profesional y de aprendizaje que estén alineadas con valores de autenticidad, relevancia y compromiso con la excelencia, contribuyendo de manera significativa al desarrollo de nuestra labor y de nuestros equipos.

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 