Hay días en los que todo parece salir mal en el hotel. Retrasos en el check-in, quejas por habitaciones sin preparar, tensiones en el equipo de cocina, y tú, al final del día, con esa sensación que todos hemos experimentado: “este equipo no da la talla”. Es frustrante. Porque das por hecho que están formados, motivados y saben lo que se espera de ellos. Pero los resultados no llegan.
Lo primero que suele venir a la mente es atribuirlo a una falta de compromiso o de responsabilidad individual. Pensamos que si cada uno hiciera lo que tiene que hacer, todo iría bien. Pero, tras años en la gestión hotelera, he aprendido que la realidad es más compleja. Y, a menudo, el problema no está tanto en el equipo, sino en nosotros como líderes.
Cuando los resultados son mediocres, hay que mirarse al espejo antes de mirar hacia el equipo. Preguntarnos si hemos hecho todo lo que está en nuestras manos para que puedan rendir al máximo. Porque, por experiencia, un equipo que no da la talla suele ser el reflejo de un liderazgo que no ha sabido sacar su potencial.
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El liderazgo como clave para transformar el rendimiento del equipo
Lo primero que aprendí es que las críticas y los malos resultados son espejos que reflejan nuestras carencias como gestores. Recuerdo la vez que recibimos una crítica demoledora sobre la desorganización en el desayuno. Mi primera reacción fue enfadarme con el personal.

Pero tras respirar hondo, me pregunté:
- ¿Había revisado los procedimientos en cocina tras los cambios de personal?
- ¿Cada miembro sabía exactamente su rol y su responsabilidad en esa franja crítica?
- ¿Habíamos hecho simulacros para reforzar la coordinación en momentos de alta ocupación?
Tuve que admitir que había fallado en prepararles para el éxito. Y eso me llevó a adoptar una serie de prácticas que, con el tiempo, me demostraron que ningún equipo es malo por naturaleza, sino que simplemente puede estar mal liderado:
1. Recibe las críticas como mapas hacia la mejora:
Cada queja de un huésped o comentario negativo es una brújula que indica dónde hay una fisura en nuestros procesos o en nuestra gestión. La tentación de culpar al equipo es humana, pero el valor está en usar esas críticas como pistas para mejorar el sistema.
2. Rompe con el pensamiento negativo:
Cuando las cosas van mal, caemos en una espiral de pensamientos destructivos: “Nada funciona, este equipo no sirve”. Eso solo empeora la situación. En esos momentos, conviene dividir el problema en partes concretas: ¿es un tema de organización? ¿De comunicación? ¿De falta de formación en un área específica? Detectar el foco real permite actuar con eficacia.
3. Evalúa y ajusta tu estilo de liderazgo:
Cada equipo es diferente. Lo que funcionaba con el personal del año pasado puede no servir con el equipo actual. Algunas preguntas que me hago a menudo son:
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- ¿Soy accesible o doy la impresión de que solo me acerco cuando algo va mal?
- ¿Comunico claramente los objetivos o solo doy órdenes generales?
- ¿Reconozco los aciertos pequeños o solo señalo los errores?
El liderazgo en hotelería no es estar encima del equipo, sino estar junto a ellos. En los días de máxima ocupación, el simple hecho de ayudar a un camarero a recoger una mesa puede ser el mejor discurso motivador.
4. Co-crea objetivos con el equipo:
Los mejores resultados los he visto cuando el equipo siente que los objetivos son también suyos. Ya no se trata de “cumplir las órdenes del jefe”, sino de alcanzar juntos metas que han participado en definir:
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- Cada jefe de área plantea microobjetivos con su equipo.
- Cada semana revisamos en conjunto avances y obstáculos.
- Cuando hay éxito, es del equipo, no del jefe.
Ese cambio de imponer a construir juntos es el verdadero motor del rendimiento.
5. Enfócate en soluciones, no en culpables:
La reacción instintiva ante un error es preguntar “¿Quién ha fallado?”. Pero el verdadero cambio llega cuando la pregunta es “¿Cómo lo solucionamos?”. Cuando el equipo ve que el foco está en mejorar, no en castigar, se atreve a aportar ideas y crece en compromiso.
6. Refuerza lo que funciona bien:
El refuerzo positivo es la herramienta más infrautilizada en hotelería. Nos centramos tanto en corregir fallos que olvidamos reconocer los logros diarios:
Parece simple, pero cuando un equipo se siente valorado, la productividad se dispara.
7. Revisa continuamente los procesos:
La hotelería es dinámica. Lo que funcionaba hace seis meses puede ya no ser eficiente hoy. Por eso:
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- Evalúo periódicamente los procedimientos operativos con el equipo.
- Escucho sus sugerencias porque ellos están en el día a día y suelen ver antes que yo lo que no funciona.
- Pruebo pequeños cambios y si mejoran los resultados, los formalizo.
8. Forma constantemente al equipo:
Pensar que una formación inicial basta es un error común. La formación continua en procesos, atención al cliente y resolución de problemas es lo que mantiene la maquinaria fina y evita los baches operativos.
9. Desarrolla líderes intermedios:
No puedes estar en todas partes, pero puedes formar jefes de turno y supervisores que repliquen tu enfoque. Cuando ellos también piensan en soluciones y mejora continua, multiplicas tu capacidad de gestión.
10. Cuida el clima del equipo:
Nada mata más rápido el rendimiento que un ambiente tóxico. Si percibes tensiones constantes o rivalidades, actúa. Habla con cada parte, escucha, media y recompón la confianza. Un equipo motivado rinde; un equipo dividido arrastra al hotel al fracaso.
Cuando el equipo funciona, el hotel brilla
He pasado por momentos de crisis en los que estuve convencido de que el equipo no daba la talla. Pero al final descubrí que la clave no estaba en ellos, sino en cómo yo gestionaba sus capacidades, sus expectativas y su confianza.
Cuando logras que cada miembro sienta que su esfuerzo es reconocido, que sus ideas cuentan y que su líder está ahí para ayudarle a triunfar, todo cambia:
- Los huéspedes lo notan en la calidez del servicio.
- Los resultados mejoran sin necesidad de presionar.
- Tú mismo disfrutas más del trabajo.
En los últimos años, he aprendido que los equipos que parecen no dar la talla casi siempre esconden potenciales que aún no han sido descubiertos. Lo que parecía ser un problema de falta de compromiso, en muchos casos, resultó ser una cuestión de expectativas confusas, procesos obsoletos o simplemente un equipo que no se sentía escuchado. Cuando como responsables de un hotel entendemos que nuestro rol no es juzgar, sino desbloquear ese potencial, los cambios comienzan a llegar casi de forma natural.
Es cierto que hay situaciones en las que algunos empleados realmente no encajan, ya sea por falta de actitud o porque su visión no se alinea con la del proyecto. Pero antes de tomar decisiones drásticas, vale la pena agotar todas las vías para entender el origen del bajo rendimiento. Muchas veces, lo que parecía ser una persona que «no da la talla», resulta ser alguien que solo necesitaba más claridad, más apoyo o sentir que su trabajo importa.
Si algo me ha dado resultado, es dar visibilidad a las victorias pequeñas y celebrar los progresos, por mínimos que sean. En hotelería, donde la presión es constante y los errores son evidentes para todos, reconocer el trabajo bien hecho es el combustible que mantiene vivo al equipo. Un equipo motivado y con confianza propia puede convertir un mal día en una jornada memorable para los huéspedes, y ese es el objetivo final.
Por eso, te invito a que la próxima vez que sientas que tu equipo no está a la altura, te hagas una pregunta más valiosa: ¿Qué puedo hacer yo para que lo estén?. Porque cuando ese clic se produce, cuando ellos sienten que tú estás ahí para ayudarles a brillar, el resultado no es solo un equipo que da la talla. Es un hotel que empieza a destacar y un líder que, finalmente, también crece con ellos.

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle.Ā 