Durante años me ha fascinado la dimensión invisible de la hotelería. Aquello que ocurre cuando los empleados ya no están en escena, cuando los pasillos se vacían, y el silencio toma el control de los espacios. En esos momentos, parece que el hotel mismo se convierte en un ser vivo que respira en susurros las emociones de todos los que han pasado por él. Siempre he creído que existe un subconsciente colectivo que recorre nuestros equipos de trabajo, uno que muchas veces no se nombra, pero que afecta profundamente la cultura interna, las decisiones y la forma en la que tratamos a nuestros huéspedes.
Fue precisamente esa intuición la que me llevó a descubrir el concepto de Social Dreaming, un enfoque que trasciende la visión clásica de los sueños como manifestaciones individuales. Esta idea, con raíces que se remontan a la Segunda Guerra Mundial y a las investigaciones de la periodista alemana Charlotte Beradt, adquirió una nueva forma gracias al psicoanalista británico Gordon Lawrence. Su propuesta fue clara y revolucionaria: los sueños pueden ser también una expresión colectiva de lo que una organización o sociedad está viviendo en su inconsciente.
En el contexto de la hotelería, esta idea adquiere una potencia reveladora. El hotel no es sólo un edificio o un negocio: es un microcosmos social compuesto por múltiples subjetividades que conviven bajo una estructura común. Directores, recepcionistas, camareras, cocineros, técnicos, todos sueñan. Y si prestamos atención, descubrimos que soñamos cosas parecidas. Miedos compartidos, tensiones que atraviesan departamentos, deseos de cambio, frustraciones que se silencian. ¿Cómo accedemos a ese nivel de información intangible pero fundamental? A través de espacios como la Matriz de Social Dreaming, un formato donde un grupo comparte sus sueños y reflexiona en conjunto sin interpretar de forma individual, sino buscando conexiones y significados que emergen para todos.
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He tenido la oportunidad de aplicar esta metodología en encuentros con equipos hoteleros. No se trata de una sesión terapéutica, sino de un espacio de exploración cultural. Y los resultados son impactantes:
- Revelación de tensiones sistémicas ocultas: A través de los sueños, emergen patrones que evidencian bloqueos organizacionales o resistencias al cambio que los discursos formales no revelan.
- Fomento de la empatia entre departamentos: Descubrir que otros compañeros están soñando con situaciones similares genera un sentido de comunidad y pertenencia inesperado.
- Prevención de crisis internas: Algunas sesiones han anticipado conflictos o reestructuraciones que el equipo aún no podía verbalizar, pero ya estaban presentes en el imaginario colectivo.
- Potenciación de la innovación: Al trabajar con el lenguaje simbólico de los sueños, aparecen ideas disruptivas que no surgirían en una sesión de brainstorming convencional.
Como dijo Lawrence, “El sueño no le pertenece a quien lo sueña, sino al grupo que lo escucha”. En nuestro sector, donde el trabajo emocional es constante, abrir espacios para escuchar estos mensajes compartidos se convierte en una herramienta de liderazgo y transformación organizacional.
Consejos para comenzar a integrar el Social Dreaming en un hotel:
- Crear espacios seguros y voluntarios: La confianza es esencial. No se trata de forzar, sino de invitar.
- Formarse en facilitación grupal: No es necesario ser psicoanalista, pero sí es importante contar con alguien formado en dinámicas grupales.
- No interpretar, sino asociar: El objetivo no es analizar al sueñador, sino explorar qué dice ese sueño de lo que está viviendo el sistema.
- Relacionar los sueños con el contexto: Los sueños siempre se producen en un momento histórico concreto. El entorno influye, y debemos tenerlo presente.
- Documentar los hallazgos simbólicos: Recolectar patrones, imágenes repetidas, atmósferas que se repiten, permite trabajar con ellos más adelante.
Al abrirnos a este enfoque, no estamos renunciando a la razón ni a la estrategia. Al contrario, estamos ampliando nuestras herramientas para comprender y gestionar algo tan complejo como la vida emocional de una organización hotelera. Y, quién sabe, tal vez el futuro de la hotelería no esté solo en las cifras de ocupación, sino también en las narrativas oníricas que compartimos cuando dejamos de hablar y empezamos a escuchar lo que soñamos juntos.

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle.Ā 