A menudo nos han dicho que liderar es destacar, asumir el control y organizar eficazmente para obtener resultados. Y si uno se deja llevar por los manuales tradicionales, podría pensar que el liderazgo en hotelería se trata, sobre todo, de eficiencia operativa, cuadros de mando y metas cuantificables. Pero quienes hemos vivido la intensidad del día a día hotelero sabemos que ese molde ya no basta. Porque los hoteles son, por encima de todo, comunidades humanas. Y ahí es donde empieza la paradoja.
Recuerdo perfectamente mis primeros años liderando equipos. Me volqué en resultados, en ratios, en producción. Cada objetivo alcanzado era motivo de celebración… hasta que, poco a poco, empecé a notar fisuras: personas talentosas que se desmotivaban, equipos que funcionaban mecánicamente pero sin alma, reuniones donde hablábamos más de KPIs que de personas. Habíamos aprendido a entregar, pero no necesariamente a desarrollarnos.
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Los líderes marginales en hotelería son, muchas veces, responsables de áreas como bienestar, formación, sostenibilidad o cultura organizacional. No llevan el “P&L” bajo el brazo, pero sí una brújula moral. Y aunque al principio pueden parecer periféricos, su impacto puede ser tectónico.
Construir liderazgo desde una nueva identidad
Ser un líder marginal no es un papel decorativo. Es, de hecho, una tarea difícil. Significa posicionarse en un ecosistema que no siempre ha sido diseñado para dar cabida a su voz. Pero ahí radica su fuerza: en abrir espacios donde antes no los había.
Desde mi experiencia, he identificado tres caminos que suelen tomar estos líderes para definir su identidad:
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Custodios del sistema: adoptan el lenguaje y las métricas del negocio, pero integran valores humanistas en sus prácticas. Son el puente más visible entre la tradición y la evolución.
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Desafiantes del status quo: impulsan cambios disruptivos, promueven espacios de desarrollo individual como rotaciones, coaching y aprendizaje experimental. No siempre son cómodos, pero son necesarios.
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Conectores entre mundos: facilitan el entendimiento entre dirección y personal, entre operaciones y cultura, entre rendimiento y propósito. Su liderazgo se basa en el diálogo y en la confianza.
En todos los casos, su valor no radica en ocupar el centro de la organización, sino en conectar, cuestionar y crear. Y, sobre todo, en ayudar a que otros aprendan lo que realmente importa.
Durante años he aprendido, a veces a golpes, otras a través de conversaciones con colegas brillantes, que hay ciertas claves que permiten que un liderazgo desde los márgenes sea no sólo relevante, sino transformador. Comparto algunas que considero esenciales:
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Redefinir el aprendizaje como eje estratégico: No se trata solo de capacitar al equipo para que haga mejor su trabajo, sino de fomentar una cultura de desarrollo continuo que les permita ser mejores personas y profesionales. En una encuesta de Deloitte, el 94% de los empleados afirmó que se quedaría más tiempo en una empresa que invierte en su aprendizaje. La hotelería no debería ser la excepción.
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Crear espacios de individualización: Más allá de la formación técnica, hay que generar experiencias personalizadas como mentorías, grupos de reflexión o rotaciones que permitan al talento descubrir su potencial. La formación no debe ser una receta única para todos, sino un menú degustación que respete la diversidad de cada persona.
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Abrazar la ambigüedad como parte del liderazgo: El liderazgo marginal se mueve en un terreno ambiguo, con menos certezas y más preguntas. Pero eso no es debilidad. Al contrario: es el espacio donde nacen las verdaderas innovaciones.
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Buscar aliados sin necesidad de permiso: No esperes que te autoricen a transformar la cultura. Busca cómplices. Directores de área, chefs, camareras, recepcionistas… El liderazgo también es conversación, no jerarquía.
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Desarrollar métricas del alma: ¿Cómo medir el impacto de un líder que inspira, cuida y transforma? Aunque parezca difícil, hay maneras: encuestas de clima, tasa de rotación voluntaria, testimonios, casos de éxito personales. No todo lo valioso cabe en un Excel, pero casi todo se puede contar bien.
Y ahora, ¿qué hacemos con todo esto?
Primero, aceptar que la hotelería necesita más líderes que se atrevan a cuestionar el molde. Que entiendan que resultados y relaciones no son enemigos, sino compañeros de viaje.
Segundo, normalizar la presencia de estos perfiles en los comités de dirección. No como “complemento humano” sino como actores estratégicos que ayudan a equilibrar corto y largo plazo, eficiencia y sentido, producto y personas.
Y, finalmente, atrevernos a liderar de otra manera. Desde el margen, sí. Pero con la convicción de que el margen puede ser el punto de partida de una transformación real.





Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 