No sé si te pasa, pero yo ya he perdido la cuenta de cuántas veces he visto a los mismos personajes reinventarse. Primero eran gurús del Big Data, después del Social Media, anteriormente de Revenue Management y, cómo no, también del marketing online. Hoy, con aires solemnes, aparecen proclamándose expertos en IA generativa, porque —atención— han descubierto cómo escribir un prompt en ChatGPT.
El fenómeno tiene su gracia, si no fuera porque detrás hay hoteles, empresarios y equipos que acaban confiando en estos iluminados de temporada. Lo más curioso es que se presentan como pioneros de algo que no dominan, lo abrazan con entusiasmo desmedido, y en cuestión de meses ya están ofreciendo cursos, mentorías y recetas mágicas. ¿Su secreto? Haber cambiado de etiqueta en LinkedIn.
El oportunista tiene un radar infalible: detecta cualquier tendencia nueva antes de que se consolide y la convierte en su bandera. Poco importa que ayer vendiera “la revolución del social media” o que anteayer explicara “la fórmula definitiva del revenue management”. Hoy te convencerá de que sin sus prompts tu hotel no sobrevivirá. Y mañana, quién sabe, tal vez se declare experto en el metaverso, en neuroturismo o en la gestión hotelera con drones.
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Lo irónico es que, en la práctica, muchos de estos “expertos” nunca han gestionado un hotel, nunca han lidiado con una auditoría de calidad ni han resuelto un overbooking en plena temporada alta. Pero ahí están, hablándote de estrategia de negocio como si lo suyo fuera experiencia real y no un reciclaje exprés.
Al final, la hotelería no necesita gurús de moda, necesita profesionales serios que entiendan la diferencia entre una herramienta y una estrategia, que sepan que un prompt no sustituye la visión, el liderazgo del equipo ni la cultura de servicio.
Por eso, cada vez que aparezca uno de estos oportunistas, mi consejo es simple:
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Pregunta qué resultados tangibles ha conseguido, no cuántos seguidores tiene.
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Observa su trayectoria completa, no el título más reciente que se ha puesto.
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Desconfía de las recetas mágicas, porque en hotelería, como en la vida, no existen.
En definitiva, un prompt bien escrito puede ayudar, claro. Pero convertirlo en la piedra angular de una estrategia hotelera es como pensar que por saber pedir un café con acento italiano ya eres barista.
El problema no es la curiosidad ni el aprendizaje continuo, eso es algo que todos compartimos y necesitamos. El problema es la superficialidad con la que algunos convierten cualquier moda en su nuevo negocio. Lo hacen sin contexto, sin experiencia práctica y, lo más grave, sin responsabilidad hacia quienes confían en ellos.
Porque detrás de cada oportunista hay siempre alguien que paga el precio: un hotel que invierte tiempo y dinero en una moda pasajera, un equipo que se ilusiona con promesas vacías o una dirección que pierde el rumbo al seguir al “experto del momento”. Y lo peor es que, cuando todo falla, el oportunista ya está preparando su próximo disfraz.
Lo irónico es que la hotelería, a diferencia de estos personajes, no cambia de traje cada temporada. Nuestros retos siguen siendo los mismos: rentabilidad, satisfacción del cliente, cohesión de equipos y sostenibilidad a largo plazo. La IA puede aportar valor, claro que sí, pero solo si se integra dentro de una visión coherente, no como truco improvisado para vender humo.
Tal vez deberíamos empezar a valorar menos a los que gritan “¡yo sé el secreto!” y más a quienes hacen el trabajo silencioso, consistente y transformador. Los verdaderos expertos no se autoproclaman: se les reconoce porque sus resultados hablan por ellos. Los oportunistas, en cambio, necesitan gritar más fuerte porque el eco de su vacío es demasiado evidente.
Lo que más me divierte es que estos oportunistas creen que van a pasar a la historia de la hotelería por haber descubierto cómo escribir prompts. En realidad, lo único que pasarán es a la carpeta de “spam mental” de quienes ya los hemos visto en todas sus anteriores encarnaciones.
La hotelería, con toda su complejidad, no se rinde a fórmulas rápidas ni a iluminados de ocasión. Aquí no basta con cambiar de título en LinkedIn: hay que sudar en recepción, resolver un overbooking a las dos de la mañana y mantener la calma cuando el aire acondicionado se estropea en pleno agosto. Eso sí es conocimiento aplicado, lo demás es pirotecnia verbal.
Y mientras ellos se presentan como visionarios de lo último, los que de verdad sacan adelante los hoteles siguen ocupados en lo esencial: equipos cohesionados, clientes felices y un negocio sostenible. Curiosamente, ninguno de esos logros cabe en un prompt de tres líneas.
Así que la próxima vez que te llegue uno de estos nuevos “profetas del prompt”, respira hondo, sonríe y recuerda: en hotelería, como en la vida, no se trata de subirse a la moda más reciente, sino de sostener la confianza día a día. Y eso, por mucho que les duela a los oportunistas, no se aprende en un tutorial de YouTube ni en un curso de fin de semana.

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 