Que las cosas están mal eso es algo que sabemos todos o, al menos, el 99% de los mortales. Y no es una cuestión que afecte únicamente a los desempleados –los más afectados- o a los que menos recursos tienen, sino que afecta al conjunto de la población; en tu ciudad, en tu país e incluso en tu continente.
Quien más o quien menos conoce o sabe de algún caso en el que un familiar, un amigo o un antiguo compañero de trabajo las está pasando “canutas”, válgase la expresión.
Y con semejante panorama, ¿cómo logro que mi empresa alcance los objetivos, no pierda dinero y, además, pague religiosamente a sus empleados? Muchos pensarán que es tarea harto difícil en los tiempos que corren, más si cabe si se trata de pequeñas o medianas empresas, esas que verdaderamente sustentan el peso del país. Y otros se quejarán de que no tienen ni una varita mágica, ni siquiera una bola de cristal, es más, gritarán a los cuatro vientos que quién les ha robado la gallina de los huevos de oro, esa de la que todos nos hemos alimentado cuando las vacas estaban gruesas no hace tanto.
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