En el mundo de la hotelería, la mayoría de nuestras decisiones parecen regirse por una necesidad obsesiva de certezas. Nos gusta actuar sobre terreno firme, evitar los errores a toda costa y tomar caminos que ya han sido transitados con éxito por otros. Y es comprensible: estamos al frente de activos valiosos, de equipos humanos que confían en nuestras decisiones, y de huéspedes que esperan excelencia sin excusas.
Pero esta obsesión con lo seguro también tiene un coste. Nos vuelve conservadores en exceso. Nos hace dudar de ideas que podrían redefinir el modo en que hacemos las cosas. Nos convence de que es preferible no intentar, antes que arriesgarse a fallar. Y eso, en una industria tan dinámica como la nuestra, puede ser más peligroso que cometer errores.
Hace un rato, leyendo a Seth Godin, me topé con una frase que me hizo detenerme en seco: “Will it work?” might be the wrong question. “Is it worth trying?” unlocks possibility. Y entendí de inmediato que ahí había una lección crucial para nuestra profesión. Porque, en hotelería, muchas de las mejores ideas que he visto nacer en los equipos que he liderado no partieron de la certeza. Partieron del coraje de hacer la pregunta correcta.
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