¿Y si no funciona? La pregunta equivocada que nos impide avanzar
Albert Barra04 de abril de 2025 · 4 min de lectura
LA IDEA
Una reflexión sobre cómo la pregunta “¿vale la pena intentarlo?” puede transformar la forma en que lideramos equipos y diseñamos experiencias en la hotelería. Basado en una provocadora idea de Seth Godin, este artículo explora cómo cultivar una cultura de experimentación y aprendizaje continuo en los hoteles. Ideal para profesionales que buscan innovar sin miedo al error.
EN ESTE ANÁLISIS
La hotelería no es una cirugía: es un acto creativo, imperfecto y profundamente humano
Tres ideas para cultivar el "¿vale la pena intentarlo?" en tu hotel
Cierra los ojos. Imagina tu hotel dentro de cinco años. ¿Qué está haciendo hoy tu competencia para llegar ahí antes que tú?
LEAD HOSPITALITY·INSIGHTS
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En el mundo de la hotelería, la mayoría de nuestras decisiones parecen regirse por una necesidad obsesiva de certezas. Nos gusta actuar sobre terreno firme, evitar los errores a toda costa y tomar caminos que ya han sido transitados con éxito por otros. Y es comprensible: estamos al frente de activos valiosos, de equipos humanos que confían en nuestras decisiones, y de huéspedes que esperan excelencia sin excusas.
Pero esta obsesión con lo seguro también tiene un coste. Nos vuelve conservadores en exceso. Nos hace dudar de ideas que podrían redefinir el modo en que hacemos las cosas. Nos convence de que es preferible no intentar, antes que arriesgarse a fallar. Y eso, en una industria tan dinámica como la nuestra, puede ser más peligroso que cometer errores.
Hace un rato, leyendo a Seth Godin, me topé con una frase que me hizo detenerme en seco: “Will it work?” might be the wrong question. “Is it worth trying?” unlocks possibility. Y entendí de inmediato que ahí había una lección crucial para nuestra profesión. Porque, en hotelería, muchas de las mejores ideas que he visto nacer en los equipos que he liderado no partieron de la certeza. Partieron del coraje de hacer la pregunta correcta.
He visto cómo un pequeño hotel de montaña cambió su destino al atreverse a diseñar experiencias temáticas completamente fuera de lo convencional. He vivido en carne propia la transformación que ocurre cuando un equipo decide aplicar técnicas de lean hospitality inspiradas en modelos industriales, con el único argumento de que “vale la pena intentarlo”.
Y sin embargo, cuando algo no tiene garantías absolutas, la pregunta que siempre aparece es: ¿y si no funciona?.
Pero me pregunto: ¿y si sí?
La hotelería no es una cirugía: es un acto creativo, imperfecto y profundamente humano
Claro, hay contextos donde no hay margen para la duda. Un piloto de avión, un cirujano, un ingeniero estructural... todos ellos operan en entornos donde el error no es opción. Pero tú y yo, que trabajamos en hotelería, tenemos el privilegio —sí, el privilegio— de poder probar, experimentar y aprender. No porque seamos menos rigurosos, sino porque trabajamos con experiencias humanas, y ahí el riesgo es parte del juego.
Intentar cosas nuevas en nuestro entorno es la única forma de aprender:
¿Qué pasa si rediseñamos el check-in con menos procesos y más empatía?
¿Qué ocurre si escuchamos más a los clientes y menos a las métricas?
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En mi experiencia, la innovación en hotelería rara vez llega de arriba hacia abajo. Llega cuando un recepcionista se atreve a improvisar una bienvenida distinta. Cuando el chef sugiere un plato fuera de carta inspirado en productos locales. O cuando alguien del equipo de pisos propone cambiar el orden de las tareas para optimizar tiempos sin afectar la calidad.
La innovación no requiere permiso. Requiere curiosidad.
Tres ideas para cultivar el "¿vale la pena intentarlo?" en tu hotel
Para que esta mentalidad cale en la cultura de un hotel, no basta con repetir frases inspiradoras. Hay que crear condiciones reales que favorezcan la experimentación. Aquí van algunas ideas que he aprendido (a veces a golpe de error) y que pueden ayudarte a empezar:
Normaliza el fracaso como parte del aprendizaje. En reuniones de equipo, reserva un espacio para compartir ideas que no funcionaron. Elimina el estigma del error. Lo importante es aprender qué se intentó, por qué, y qué se aprendió.
Premia la intención, no solo el resultado. Celebra públicamente a quienes se atreven a probar algo nuevo, aunque no haya salido perfecto. Eso genera una cultura de valentía. Recuerda: el miedo a fallar es enemigo de la innovación.
Crea un espacio seguro para prototipos. No todas las ideas deben implementarse a gran escala de inmediato. Empieza en pequeño. Prueba una nueva experiencia solo con los huéspedes repetidores. Lanza una campaña piloto solo en Instagram. Valida antes de escalar.
Cierra los ojos. Imagina tu hotel dentro de cinco años. ¿Qué está haciendo hoy tu competencia para llegar ahí antes que tú?
A menudo me hago esta pregunta. No porque tenga miedo, sino porque me obliga a mirar hacia el futuro con honestidad. En una industria donde todo cambia tan rápido —desde la tecnología hasta los hábitos de viaje—, quedarnos quietos no es neutralidad: es retroceso.
Así que la próxima vez que alguien en tu equipo proponga una idea y alguien pregunte: “¿Y si no funciona?”, cambia el guion. Mira a los ojos y responde: “¿Y si sí? ¿No vale la pena intentarlo?”
Porque al final, lo que nos diferencia no es lo que sabemos hacer bien. Es lo que estamos dispuestos a aprender aún a riesgo de fallar.
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