Siempre he creído que la historia es la mejor maestra que podemos tener, y confieso que, entre todas sus ramas, la historia militar me ha atrapado desde joven con una fuerza especial. Hay algo en esas páginas llenas de batallas, decisiones imposibles y líderes que se mantuvieron firmes frente a la adversidad que me resulta irresistible. Cada campaña, cada sitio y cada maniobra táctica esconde lecciones sobre el valor, la resistencia y la toma de decisiones en momentos críticos. Quizás por eso, los que me conocen bien, y tal vez los que me leen con frecuencia, habrán notado que esa pasión late en muchas de mis reflexiones sobre el mundo de la hotelería.
Porque, al final, gestionar un hotel se parece más a dirigir un ejército de lo que parece a simple vista. Cada día libramos nuestras propias batallas: la lucha por ofrecer el mejor servicio, la competencia por captar al cliente, los retos logísticos que surgen cuando el hotel está al máximo de ocupación. Ahí es donde se cuela mi otra gran pasión: la estrategia. Entender el terreno, conocer a tus huéspedes como si fueran tus aliados y a tu competencia como si fueran tus rivales, y saber cuándo avanzar o cuándo replegarse, son habilidades que nacen tanto del campo de batalla como de la recepción de un hotel en plena temporada alta.
Tal vez por eso, cuando pienso en los grandes nombres de la historia, me inspiran no solo como figuras del pasado, sino como auténticos maestros de gestión y liderazgo. Y entre todos ellos, hay uno que siempre ocupa un lugar especial en mi mente y en mi corazón: Blas de Lezo, el «Mediohombre», el orgullo de España. Porque su historia no solo es la de una defensa heroica de Cartagena de Indias, sino también la historia de cómo la determinación, el conocimiento del entorno y el liderazgo silencioso pueden vencer cualquier pronóstico. Y si hay algo que los hoteleros sabemos, es que las mejores victorias son esas que llegan cuando nadie creía que podíamos lograrlo.
Hay nombres que resuenan con fuerza en la historia de España, pero pocos, muy pocos, me inspiran tanto respeto y admiración como el de Blas de Lezo. En los pasillos de nuestros hoteles, donde las decisiones rápidas y las tormentas operativas son pan de cada día, pienso a menudo en su figura. Porque Blas no solo defendió Cartagena de Indias en 1741; nos enseñó algo que trasciende el tiempo: liderar con resiliencia, humildad y coraje, incluso cuando las cartas están en nuestra contra.
Hablamos mucho en gestión hotelera sobre liderazgo en el sector hotelero, gestión de crisis y empoderamiento de equipos en hostelería, pero ¿qué mejor referente que alguien que, mutilado y casi ciego, se enfrentó a una flota seis veces mayor y salió victorioso? Su historia no es solo épica militar; es una clase maestra sobre cómo dirigir en medio de la tormenta y convertir las debilidades en fortalezas.
Puedes desbloquear esta Publicación
y Leerla Ahora por solo 0.5€
Suscripción Básica
Sin Tarjeta ni Pagos Asociados-
Acceso a todos los contenidos Gratuitos, sin límite mensual
-
Accede a todos los contenidos gratuitos y recibe alertas cada vez que publiquemos nuevos artículos, análisis o recursos prácticos.
-
Además, disfrutarás de descuentos exclusivos en cursos y tutoriales seleccionados
-
Suscripción Premium
Suscripción Mensualpuedes Cancelar en Cualquier Momento
-
Por solo 3€ al mes, accedes a todos los contenidos completos, sin restricciones.
-
50% de Desc. en Cursos y Tutoriales
-
Puedes cancelar cuando quieras
-
Premium Plus
Suscripción AnualLa Suscripción más Popular
-
Acceso a todos los contenidos
-
Por solo 25€ al año, accedes sin límites a todo el ecosistema Lead Hospitality
-
Todos los cursos y tutoriales GRATIS
-
Puede que también te interese:
Blas de Lezo perdió una pierna, un ojo y la movilidad de un brazo. La vida le fue quitando partes de su cuerpo, pero jamás su espíritu. En hostelería, cuando abres un hotel desde cero, construyes equipos nuevos o enfrentas críticas demoledoras en redes sociales, te sientes muchas veces así: que te faltan piezas, pero debes seguir adelante. Y ahí es cuando recuerdo a Blas, que con media visión y medio cuerpo, veía más claro que nadie y actuaba con más fuerza que muchos.
Puede que también te interese:
Planificación estratégica y sangre fría
Cuando Vernon, almirante inglés, se plantó con 186 barcos y más de 27.000 hombres ante Cartagena, frente a los escasos 3.600 defensores y 6 navíos de Lezo, la derrota parecía inevitable. Vernon, incluso, hizo acuñar monedas celebrando su victoria antes de tiempo. Algo que en el mundo hotelero a veces también vivimos: competidores que presumen antes de abrir sus puertas, campañas de marketing millonarias que parecen arrasar con todo. Pero Blas demostró que no siempre gana el que más tiene, sino el que mejor sabe jugar sus cartas.
De Lezo fortificó los puntos clave, bloqueó los accesos y aprovechó cada palmo de terreno como ventaja competitiva. En hostelería, esto se traduce en conocer tu producto, tu mercado y tu equipo mejor que nadie. No necesitas 186 barcos, necesitas saber dónde posicionar tus recursos, cuándo reforzar tu recepción en temporada alta, cuándo flexibilizar tarifas, cuándo lanzar una oferta que despierte la demanda dormida.
Datos que impresionan:
- Vernon perdió más de 9.000 hombres por combate y enfermedades, frente a tan solo 600 bajas españolas.
- El asedio duró 67 días, pero la resistencia española doblegó la voluntad del enemigo.
Estos números me recuerdan a esos informes de ocupación donde un pequeño hotel independiente logra un RevPAR por encima de cadenas internacionales gracias a estrategias de revenue management hotelero inteligentes y un equipo que se deja la piel.
El liderazgo discreto: Los héroes que no buscan aplausos
Lo que más me conmueve de Blas de Lezo es su discreción tras la victoria. A diferencia de Vernon, que se adelantó con su medalla, Blas simplemente hizo su trabajo. No buscaba reconocimientos ni portadas; buscaba hacer lo correcto. En hostelería, los mejores jefes de recepción, los encargados de pisos que consiguen que las habitaciones estén perfectas en plena sobreocupación, o los camareros que lidian con clientes complicados con una sonrisa, suelen ser esos Blas de Lezo modernos. Gente que no busca premios, sino que el hotel funcione.
Anécdota personal: Recuerdo en plena apertura de un hotel, cuando el sistema PMS falló en el primer fin de semana con el 100% de ocupación. Fue el recepcionista más joven quien, con una libreta y su calma, organizó el check-in manual mejor que cualquier software. Me recordó a Blas en Cartagena: cuando todo parece perdido, lo que salva el día es el carácter y el compromiso.
Lecciones de Blas de Lezo aplicadas a la Gestión Hotelera
A lo largo de los años, he recopilado algunos principios que nacen de la gesta de Blas, pero que aplico cada día en la dirección de equipos en hostelería:
- Resiliencia por encima de todo: No importa si tienes menos recursos; importa cómo usas los que tienes.
- Conoce tu terreno: Saber dónde está tu verdadero valor como hotel es la clave: ¿Es el trato personalizado? ¿Es la gastronomía? ¿Es la ubicación?
- Anticipa al enemigo: La competencia siempre hará ruido, pero escucha al cliente y adelántate a sus expectativas. Eso no lo vence ningún presupuesto de marketing.
- Respeta al equipo: Como Blas confió en cada soldado, confía en tus recepcionistas, en tus camareras de piso, en tus cocineros. Ellos son tus baluartes.
- No busques medallas: La mejor recompensa es ver el hotel lleno y al cliente satisfecho. La gloria efímera de los premios se diluye; la reputación de buen trabajo permanece.
Es triste que en muchos casos la historia de Blas de Lezo haya sido más conocida fuera que dentro de España. Pero, como en hostelería, las mejores historias son las que trascienden el tiempo y se cuentan boca a boca. Hoy Blas vuelve a ser símbolo del orgullo español, recordándonos que nuestra historia no solo se construyó con gestas grandilocuentes, sino con trabajo duro, sacrificio y dignidad.
Cuando recibo un huésped británico y, entre bromas, me dice que Vernon es un héroe, le devuelvo la sonrisa y le cuento sobre Blas. Algunos ríen, otros se interesan y buscan más. En ambos casos, esa historia une, y esa es la verdadera victoria.
Porque en el fondo, Blas de Lezo nos enseñó que lo importante no es ganar, sino cómo se gana. Y en hostelería, como en la vida, eso lo es todo.
Y como consejo final, que a mí me sirve cada vez que afronto una apertura o una temporada difícil:
- Cuando todo parezca perdido, recuerda a Blas mirando al mar, con su pierna de palo, su parche en el ojo y su brazo inmóvil… pero con la cabeza alta. Porque siempre se puede vencer. Solo hace falta creerlo.






Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 