La excelencia en Hotelería no es hacerlo todo perfecto: es seguir haciéndolo mejor
En Hotelería hablamos constantemente de excelencia, pero con demasiada frecuencia la confundimos con perfección, sofisticación o resultados extraordinarios. La verdadera excelencia hotelera se construye de otra manera: mediante consistencia, disciplina, aprendizaje, propósito, paciencia, humildad y cientos de pequeñas decisiones ejecutadas correctamente durante mucho tiempo.
Inspirándome en las reflexiones de Brad Stulberg sobre la excelencia, analizo cómo trasladar estos principios al trabajo cotidiano de un hotel y por qué el verdadero objetivo no debería ser alcanzar una supuesta perfección, sino construir organizaciones capaces de mejorar continuamente sin perder de vista a las personas, el negocio y el sentido de lo que hacemos.
- La mentalidad de la siguiente jugada
- Hay una palabra que utilizamos con demasiada facilidad en Hotelería: excelencia
- Aparece en presentaciones corporativas, manuales de calidad, discursos de bienvenida, planes estratégicos y reuniones de equipo
- Prometemos un servicio excelente, buscamos experiencias excelentes y aspiramos a resultados excelentes

Hay una palabra que utilizamos con demasiada facilidad en Hotelería: excelencia. Aparece en presentaciones corporativas, manuales de calidad, discursos de bienvenida, planes estratégicos y reuniones de equipo. Prometemos un servicio excelente, buscamos experiencias excelentes y aspiramos a resultados excelentes. El problema comienza cuando intentamos explicar qué significa exactamente. Después de muchos años trabajando en hoteles, cada vez estoy más convencido de que la excelencia tiene bastante menos que ver con alcanzar un determinado estándar y mucho más con la forma en que decidimos trabajar cuando nadie nos garantiza el resultado.
La reflexión de Brad Stulberg en The Way of Excellence me parece especialmente interesante porque aleja la excelencia de dos conceptos con los que frecuentemente la confundimos: la perfección y la obsesión. La excelencia no consiste en no equivocarse. Tampoco significa exigir permanentemente más hasta convertir el trabajo en una competición contra uno mismo y contra los demás. Es un proceso continuo de crecimiento alrededor de algo que consideramos importante. Trasladado a nuestro sector, diría que un hotel excelente no es necesariamente aquel en el que nunca sucede nada malo —ese hotel probablemente no existe—, sino aquel que ha desarrollado la capacidad de aprender, corregir, perseverar y mejorar sistemáticamente.
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