Llevo días dándole vueltas a algo que me ronda la cabeza, y he decidido compartirlo, confiando en que se entienda desde la perspectiva constructiva con la que lo expongo.
Conversando con distintos colegas hoteleros (algunos con trayectorias destacadas), coinciden en un diagnóstico que probablemente muchos compartimos en silencio.
Durante los años de bonanza económica, del auge de nuevos canales de comercialización, de la aparición de las aerolíneas low cost que democratizaron los viajes y del crecimiento constante de la demanda, los hoteles logramos cumplir objetivos, generar beneficios y, en definitiva, mantener un optimismo generalizado.
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La ilusión de que el mercado era infinito llevó a abrir nuevos hoteles en muchas ciudades, generando en algunos casos una sobreoferta que en aquel momento no preocupaba. La demanda empujaba y, si flaqueaba, bastaba con bajar precios, subir comisiones a intermediarios o presionar a las instituciones turísticas para que redoblaran la promoción del destino.
Hoy, el escenario es otro. 2025 nos recibe con una complejidad que exige otra mirada:
- Escalada de costes: Las materias primas, la energía y los suministros han encarecido nuestros gastos operativos. Productos tan esenciales como alimentos frescos, textiles o productos de limpieza presentan subidas acumuladas que superan el 20% en algunos casos.
- Presión fiscal: Los incrementos en tasas municipales, impuestos ambientales y cargas laborales dejan menos margen de maniobra al hotelero, limitando nuestra capacidad de reaccionar con rapidez.
- Conflictos geopolíticos: La guerra en Ucrania sigue distorsionando el mercado energético y las cadenas de suministro. Por su parte, las tensiones en Oriente Medio generan incertidumbre, afectando la confianza del viajero y alterando rutas aéreas clave, lo que impacta en los costes del transporte y en la conectividad de ciertos mercados emisores.
- Demanda fragmentada y sensible al precio: Los turistas están mirando con lupa su presupuesto. La inflación y la inestabilidad económica en varios países europeos hacen que muchos opten por opciones de menor categoría o reduzcan la duración de sus estancias. Vemos que las reservas de última hora crecen, pero también las cancelaciones.
¿Y cuál es el mayor reto? Que esta situación ha dejado al descubierto algo que ya intuíamos: muchos hoteleros hemos desaprendido a vender. Durante años, nos hemos apoyado en intermediarios que hacían el trabajo por nosotros a cambio de comisiones. Ahora, en plena tormenta, nos damos cuenta de que carecemos del conocimiento, las herramientas y la mentalidad comercial necesaria para tomar el control de nuestra venta directa.
Por eso, hoy más que nunca, debemos regresar a lo esencial: Back to Basics. Y esto significa:
- Comprender al cliente actual: Sus hábitos han cambiado. Debemos analizar qué busca, qué valora y cómo toma sus decisiones.
- Evaluar nuestro posicionamiento: ¿Cómo nos percibe el mercado? ¿Cuáles son nuestros puntos fuertes y débiles frente a la competencia? La reputación online y las reseñas tienen hoy más peso que nunca.
- Dominar nuestros canales de venta: Entender de dónde vienen nuestras reservas, cuáles son las vías más rentables y dónde se producen las fugas. ¿Estamos optimizando nuestra venta directa? ¿Nuestra web y motor de reservas están preparados para convertir visitas en reservas?
- Segmentar con precisión: No todos los clientes son iguales. Es imprescindible analizar el comportamiento de cada perfil, su valor para el negocio y su rentabilidad real tras descontar costes de adquisición y servicios adicionales.
- Adoptar un enfoque data-driven: Analizar pick-ups, patrones de cancelación, tendencias por temporada y preferencias según mercado. La intuición suma, pero los datos mandan.
- Optimizar costes de intermediación: Identificar qué clientes podrían haber llegado de forma directa y evaluar cuánto podríamos ahorrar reduciendo la dependencia de terceros.
- Planificar una estrategia comercial: Crear un plan de marketing digital orientado a:
- Aumentar las ventas directas.
- Reducir los costes de adquisición.
- Mejorar el ADR sin caer en guerras de precios.
Es probable que descubramos que nuestra web necesita ser renovada o que nuestro motor de reservas no está optimizado. Quizá debamos invertir en SEO y campañas de pago. Y todo ello supondrá un esfuerzo económico, pero los costes de intermediación que llevamos pagando a lo largo de los años demuestran que la inversión en venta directa es, a medio plazo, mucho más rentable.
Esta vuelta a los básicos no es glamurosa ni lucirá en los discursos sobre innovación, pero es la que marca la diferencia entre resistir y depender eternamente de terceros.
Solo después, cuando dominemos lo esencial, podrámos abordar proyectos más ambiciosos. Mientras tanto, toca reencontrarnos con la esencia de nuestro negocio: conocer al cliente, controlar nuestra venta y optimizar nuestra rentabilidad.
Porque, en un entorno de costes al alza, presión fiscal y tensiones internacionales, vender bien es más necesario que nunca.

Creo genuinamente que la mejor manera de conocer el valor de un Coach Hotelero es probarlo primero de forma gratuita y conocerle. 